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FRATRICIDIO SIN REMORDIMIENTO |
Entre los muchos hijos del emperador Keiko se contaban los hermanos Opo-usu y Wo-usu, este último llamado después Yamato-takeru. Cierto día el emperador envió a Opo-usu en busca de dos doncellas famosas por su belleza. Pero, en lugar de regresar con ellas a la corte, Opo-usu las hizo sus esposas y envió al emperador otras en su lugar. Cuando el emperador se enteró de la traición de su hijo, ordenó a Wo-usu que persuadiera a su hermano mayor para que acudiera a comer a palacio. Pasaron cinco días sin que Opo-usu compareciera. Y cuando el emperador preguntó a Wo-usu por el motivo de la tardanza de su hermano, aquél le explicó: "Lo capturé, lo así entre mis brazos y lo aplasté; luego le arranqué sus miembros y, tras envolverlos en una estera, los tire".
Este ejemplo de fuerza bruta sin ninguna consideración moral explica la razón de que se considere a Yamato-takeru como una encarnación de la fuerza de la naturaleza, más allá de la comprensión del ser mortal. La naturaleza brinda la cosecha y, a la vez, puede ser tremendamente destructora. Hay que admirarla y temerla.
El Kojiki muestra un estilo realista y a menudo cruel y sanguinario. Esta violencia aparece en las aventuras de Yamato-takeru, enviado por su padre, el emperador, a enfrentarse tanto con enemigos políticos reales como con divinidades "indóciles". El sumo, el deporte japonés más natural, es un despliegue de fuerza pura. Los lucahdores suelen ser hombres calmosos, de vida sencilla. Se admiran en ellos las mismas cualidades del jóven héroe Yamato-takeru. Hay muchos elementos del ritual shintoísta en el sumo. Los luchadores purifican la palestra con sal. Enjuagan sus bocas como símbolo de purificación de los cuerpos. Y la palestra es una plataforma de tierra apisonada, con objetos dedicados a los dioses.
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