El shinto tradicional, en contraposición al shintoísmo del estado, se originó hace unos 2,000 años. Es la prístina religión del Japón, integrada profundamente en la cultura japonesa. Hacia el siglo III a.C., el país estaba constituido por una sola raza y unificado por una sola lengua, surgidas ambas de una larga etapa de diversidad cultural y racial (aunque la unificación política del Japón no se completaría, por obra de la familia imperial, hasta el siglo VI de nuestra era). Su nacimiento como nación coincidió con el principio del cultivo del arroz --su principal recurso hasta fechas muy recientes--, y el shinto consistía en ritos para impetrar buenas cosechas que, a la vez, mantenían unida a la comuniad. Este hehco, que hacía quel as personas fueran consideradas primariamente como miembros de una comunidad y no tanto como individuos, explica la supervivencia del shintoísmo a pesar de la poderosa influencia del budismo: téngase en cuenta que, a finales de la II Guerra Mundial, más del 70% de los japoneses eran agricultores.
La vida agrícola es dura, y requiere que la actividad esté coordinada con el cambio de estaciones.
Esta integración de las creencias del pueblo en la vida laboral de los hombres sigue dándose en las actuales empresas japonesas --es, por ejemplo, una práctica común construir pequeños santuarios shintístas en lo alto de los edificios de oficinas--, pero el moderno trabajo industrial no tiene la sensibilidad hacia la naturaleza y los cambios de las estaciones que requiere el cultivo del arroz. Una sensibilidad, sin embargo, que no debe entenderse como actitud romántica o valorativa de su belleza, sino como acomodación de la vida entera a los dictados de las estaciones. No es sorprendente, pues, que los conceptos de virtud en el shintoísmo se reflejen en el éxito o en el fracaso de la actividad agrícola. Las ideas de pureza, o claridad, y de impureza, o corrupción, son los conceptos fundamentales del shíntoismo; la palabra japonesa kegare, que es la que designa la impureza, viene de ke --el poder mítico que hace crecer las cosas--, y del sufijo gare, con el significado de privación o falta. Kegare, pues, es la carencia del poder que hace crecer las cosas (el arroz, en particular), con lo que la impureza se asocia a un crecimiento malogrado o fallido.
La principal fuente del mito y la leyenda histórica del shinto es el Kojiki, o Historia de los hechos antiguos, completado en el año 712. Está dividido en tres libros, que tratan, respectivamente, de la vida con los dioses, de la vida con el hombre y los dioses, y de la vida del hombre sin dioses. Refiere asimismo los orígenes del clan imperial y de las principales familias. Hasta fechas recientes, el Kojiki ha merecido la consideración de libro sagrado. Muchos de sus relatos giran en torno a estos conceptos clave de pureza e impureza.
El héroe más popular del Kojiki es Yamato-takeru. Su historia se narra en el libro II, que versa sobre el hombre cuando se dispone a dejar el mundo de los dioses, y tien el tono melancólico característico de muchos relatos épicos japoneses.
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