Izanagi se siente tan espantado al ver a Izanami, que da media vuelta y huye. Dolida por su deserción, Izanami envía tras él a las brujas de Yomi, pero Izanagi consigue evitarlas mediante artes mágicas. Llegando al límite entere la tierra de los vivos y la de Yomi, se vuelve y ataca a sus perseguidoras con tres melocotones que ha encontrado allí cerca, poniéndolas en fuga. Entonces Izanagi habla así a los melocotones:
"Igual que me habéis salvado, cuando cualquier hombre mortal
se vea en un trance doloroso y sufra angustiado, salvadlo a él también."
Finalmente la propia Izanami salió en persecución de Izagani. Pero éste cerró con un enorme peñasco el paso entre el Yomi y la tierra de los vivos, y los dos esposos se encontraron frente a frente a cada lado del obstáculo. Izanami dijo entoces: "¡Oh mi querido esposo! si haces eso, cada día daré muerta a un millar de los que pueblan tu tierra". A lo cual replicó Izagani: "¡Oh mi amada esposa! Si eso haces, construiré cada día un millar y medio de cabañas de parto", dando a entender así el número de los que nacerían.
A su regreso de la tierra de los vivos, Izanagi se libra de los efetos contaminantes de su descenso al reino de ultratumba sometiéndose a una purificación.
"Llegó en la llanura junto a la desembocadura del río y allí se quitó las ropas y todo cuanto llevaba en
su cuerpo. Cuando se desprendía de cada cosa y la dejaba caer al suelo, cobraba existencia una divinidad. Y cuando Izanagi entró en el agua para lavarse, fueron creados más dioses aún".
El acto de purificación (misogi) de Izanagi muestra cómo es posible recobrar la fuerza vital a través de él. De la misma manera como el arroz que crece sigue un ciclo en el que se agotan tanto la tiera como el labrador, y al igual que se revitalizan ambos por el auga o opr un tiempo e descanso, así Izanagi recupera su fortaleza y vitalidad despojándose de sus pesados atavíos y sumergiéndose enlas aguas. El agua sigue siendo un poderoso símbolo en muchas escenas de la vida diaria en el Japón actual.
Finalmente, al lavarse Izanagi los ojos dio origen a tres de los dioses más importantes del panteón japonés: la diosa del sol, el dios de la luna y Susano, el dios de la tormenta. La pareja fraterna formada por Amaterasu, la diosa del sol, y Tukiyomi, el dios dela luna, son resonsables, respectivamente, del día y la noche.
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