La siguiente empresa de Yamato-takeru fue un largo viaje al que el emperador le envió para destruir fuerzas rebeldes. Primeramente fue enviado al oeste para dar muerte a dos poderosos hermanos. Cuando llegó a su casa, la encontró rodeada por filas de guerreros. Yamato-takeru era tan joven (tendría quince o diesciséis años) que pudo disfrazarse de mujer peinando sus cabellos hacia abajo y vistiendo ropas femeninas. Entró en la casa mientras se celebraba un festín. Los hermanos se sintieron muy complacidos al ver a aquella "muchacha" e hicieron que tomara asiento entre ambos. Luego, cuando el banquete estaba en su apogeo, Yamato-takeru agarró a uno de los dos por el cuello y le atravesó el pecho con un puñal. El hermano menor escapó, pero Yamato-takeru le dio alcance y lo mató también.
De regreso a su hogar, Yamato-takeru sometió y pacificó a todas las divinidades de las montañas, de los ríos y del mar, pero no pasó mucho tiempo antes de que el emperador le ordenara poner fin a nuevos desórdenes en el este. Yamato-takeru acudió a su tía Yamato-pime y se quejó de tener que partir tan pronto y sin contar con una protección adecuada. Al marcharse, Yamato-pime le dio una espada y una bolsa, diciéndole: "En caso de emergencia, abre esta bolsa".
Después de vencer a los enemigos de su padre, Yamato-takeru encontró a un hombre en la tierra de Sagamu que le engañó afirmando que en mitad del llano vivía una divinidad rebelde y aguardó a que entrara para prender fuego a la pradera. El jovén héroe logró salvarse empleando la espada y la bosa que le había dado su tía. Con la espada, en efecto, segó la hierba y en la bolsa encontró un pedernal con el que prendió un contrafuego. Luego dio muerte al hombre y a todo su clan, y quemó sus cuerpos.
Entre los tesoros imperiales que el nuevo emperador japonés Akihito heredó de su difunto padre figura una espada. La espada es uno de los símbolos representativos del shintoísmo, porque alude al rayo; el trueno se considera que favorece las buenas cosechas. La abundancia de truenos, y consiguientemente de las lluvias, tiene que ver con el crecimiento del arroz. Y la idea de que el fuego es un don de los dioses se diría grabada en la memoria de la raza humana. Piénsese, por ejemplo, en el mito de Prometeo.